Hoy todo existe en forma digital. El dinero es digital. El mundo es digital. Incluso la amistad se ha vuelto digital.
A medida que la tecnología avanza, nos adaptamos constantemente, aprendiendo a convivir con cambios que transforman la manera en que vivimos, nos conectamos y sentimos. En este entorno, un amigo digital no es necesariamente algo negativo. De hecho, puede convertirse en un espacio de consuelo, un lugar donde las emociones se expresan con mayor libertad que con los amigos físicos, sin miedo al juicio, a las expectativas o a los malentendidos. La inteligencia artificial es un claro ejemplo de este nuevo tipo de compañía. Esta obra representa esa idea.
Creé la pieza de manera intencional para que se sintiera mítica e irreal, casi inestable. No hay una estructura estricta ni un orden definido. El entorno fluye libremente, como si la lógica se hubiera disuelto. Se asemeja a la sensación de estar dentro de un sueño, donde momentos, recuerdos y emociones se mezclan sin límites.
La joven está situada en el centro, dando equilibrio a la composición. Representa la presencia humana, el "yo". Todo lo que la rodea se siente imaginario y fluido, simbolizando el mundo digital y las conexiones virtuales que existen a nuestro alrededor.
Esta obra no pretende juzgar las relaciones digitales, sino explorarlas. Plantea si la conexión necesita ser física para sentirse real y si, en un mundo que ya no duerme, un amigo virtual puede a veces comprendernos mejor que nadie.